… ais…
Corría Agosto de 2007. Me había ido de Vacaciones a un sitio sin Internet, así que antes de marchar preparé el asunto para acceder a Internet desde mi nuevo (por entonces) teléfono. Me apetecía poder seguir contando cositas si quería, poder seguir hablando a quien me leía por aquí. Si: a vosotros. Pero a algunos más, y a algunos menos. Así que en Julio me busqué la vida para poder estar, aunque fuera sólo un poquito. Así fué que un día ocurrió algo maravilloso, y me apeteció contarlo por aquí.
Parece que lo contaba al mundo, pero en realidad lo contaba sólo a mi mundo.
No tardé en recibir enhorabuenas de mi mundo real, y recibí también ésta, de mi otro mundo real: éste.

No sé si lo esperaba. Creo que no. O quizá sí. El caso es que el 12 de Agosto a las 15:50 me quedé embobado mirando para la pantalla, haciéndome el sorprendido o quizá sorprendido realmente. Y entre la multitud de cosas que podía haber hecho, simplemente me quedé así, mirando para la pantalla, sonriendo. Y pensando quizá: Efectivamente, la idea de abrir la posibilidad de escribir desde mi pueblo, había sido una buena idea.
Pero no contesté. Quien me conoce de verdad sabe que ésto en mí es perfectamente posible. No me costaba nada, quizá pensé en hacerlo. Quizá tecleé algunas letras. Quizá incluso valoré llamar. Pero quizá solamente miré la pantalla. Muchas veces no hago lo que se supone que debo hacer, por mil razones. No creo que deba hacerlo (lo que “se supone” que debo hacer). En aquél momento no contesté, y me pareció una opción perfectamente normal. Quizá me quedaba feo el mensaje, o “inutil”, o lo que fuera. Es normal que no escriba. También podría haberlo hecho.
Pero el caso es que no lo hice y seguí mi vida igual que antes, con esa sonrisa. Al mismo tiempo que, en algún lugar a 906 Kilómetros me mandaban a la mierda. Estos días de navidad estuve con mi hermana y con mi futura sobrinita, que ya tiene 5 meses de gestación.
Al parecer se llamará Laura. Un día me dije: “voy a ir de vacaciones, pero intentaré poder contarle cositas a Laura.”. Mi sobrina Laura nació en el vientre de Lola, y cuando supe que estaba viva “se lo dije” a Laura. Laura sonrió y me felicitó. Yo sonreí y me callé. Ahora Laura no está, Laura se fué, y mientras espero a ver si mi sobrina Laura se parece a mí, me acuerdo de Laura y la echo de menos en mi vida
Debería mandarla a la mierda, pero la echo de menos y la quiero igual. Y no he aprendido nada: en caso de repetirse la historia de nuevo en mi vida con otros protagonistas, será perfectamente posible volver a callarme. O contestar. En el fondo no soy tan malo, ¿verdad?
PD: Es posible que no se llame Laura, al final. Pero a mi hermana le gusta el nombre, y al resto de la familia también. :-) Por cierto: como podéis ver, cuando lo conté por aquí recibí por aquí alguna felicitación más, y tampoco contesté… :-D …aunque bien es cierto que desde mi pueblo no podía ver las respuestas en el blog ni publicar comentarios: la felicitación en el teléfono sí que la ví. Ais…